Has tomado una copa de más y hablas por los codos, sin parar, y cuando
por fin levantas la vista, unos ojos oscuros y penetrantes te observan
atónitos, fascinados y... ¡muy interesados! Después de asistir en
Glasgow a una desastrosa reunión de trabajo y de tomarse un par de
vodkas, ¿o fueron tres?, para levantar el ánimo e infundirse valor, Emma
Corrigan se sube por fin al temible artefacto volador para regresar a
Londres. El vuelo resulta especialmente movido; algunos pasajeros
gritan, las azafatas se abrochan los cinturones con caras lívidas, y
Emma se agarra desesperadamente a los brazos de su asiento. pánico, de su boca empiezan a brotar todos sus secretos, sus sueños
más ocultos y sus deseos más inconfesables, que van a parar a oídos del
silencioso pasajero que, inmutable, la escucha sentado a su lado. Emma
no se deja nada: desde el día en que perdió la virginidad hasta la nota
de matemáticas que falsificó en el currículum, pasando por lo incómodo
que le parece el tanga. Pero este mal trago no será nada comparado con
lo que le espera el lunes en la oficina, donde corre la voz de que el
presidente de la megacorporación americana para la que trabaja se
encuentra de visita en la sede londinense. En medio del nerviosismo
general, Emma decide acercarse a la máquina de café del pasillo y se
cruza con la comitiva que acompaña al gran jefe...
22 mar 2013
Sophie Kinsella - No te lo vas a creer
Has tomado una copa de más y hablas por los codos, sin parar, y cuando
por fin levantas la vista, unos ojos oscuros y penetrantes te observan
atónitos, fascinados y... ¡muy interesados! Después de asistir en
Glasgow a una desastrosa reunión de trabajo y de tomarse un par de
vodkas, ¿o fueron tres?, para levantar el ánimo e infundirse valor, Emma
Corrigan se sube por fin al temible artefacto volador para regresar a
Londres. El vuelo resulta especialmente movido; algunos pasajeros
gritan, las azafatas se abrochan los cinturones con caras lívidas, y
Emma se agarra desesperadamente a los brazos de su asiento. pánico, de su boca empiezan a brotar todos sus secretos, sus sueños
más ocultos y sus deseos más inconfesables, que van a parar a oídos del
silencioso pasajero que, inmutable, la escucha sentado a su lado. Emma
no se deja nada: desde el día en que perdió la virginidad hasta la nota
de matemáticas que falsificó en el currículum, pasando por lo incómodo
que le parece el tanga. Pero este mal trago no será nada comparado con
lo que le espera el lunes en la oficina, donde corre la voz de que el
presidente de la megacorporación americana para la que trabaja se
encuentra de visita en la sede londinense. En medio del nerviosismo
general, Emma decide acercarse a la máquina de café del pasillo y se
cruza con la comitiva que acompaña al gran jefe...
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